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El Oratorio
y otros templos
En junio de 1836, los sacerdotes filipenses don José Manuel de Somera y Landeros y José Manuel Quijano comenzaron a gestionar la fundación de la comunidad leonesa del Oratorio de San Felipe Neri; para lo cual obtuvieron la donación de un terreno en la vieja calle de la Vera Cruz (5 de Febrero) –donde en 1620 existía una pequeña y pobre capilla de ese nombre, frente a una pequeña plaza (la Santa Veracruz) donde estuvo el despacho que en el siglo XVIII ocupó el Tribunal de la Inquisición (abolido en México definitivamente en 1820) y que desapareció al edificarse otra casa en 1780 (hoy es un estacionamiento)-.
Con el paso del tiempo, la nueva iglesia, concluida el 1 de mayo de 1839, le dio el nombre de calle del Oratorio a lo que hoy es Belisario Domínguez y 5 de Febrero.
El Oratorio de San Felipe Neri.
Por aquellos mismos años avanzaba la construcción de otra obra de carácter religioso que daría su nombre a todo un barrio. Sobre la antigua calle de la Condesa (Pino Suárez), entre lo que hoy es Mariano Escobedo y Chuparrosa, se alzaba un nuevo templo llamado de "El Señor de la Conquista". Su constructor fue el predicador presbítero don José María Celso Rodríguez, cuyos escasos recursos bastaron solo para que lograse la edificación de una capilla de adobe con techo de viga.
Muerto el padre Rodríguez el 1 de mayo de 1839, continuó la edificación de su obra, la cual aún en nuestros días muestra su torre inconclusa.
En la tercera década del siglo XX, poco antes de la cristiada, el padre don Agustín Magaña fundó en el templo de la Conquista, la cofradía de la Venerable Orden Tercera del Carmen, que acrecentó notablemente la feligresía, ejercicios y culto en este templo.
Contemporánea a los templos del Oratorio y la Conquista, fue la edificación de una capillita que se alzaría junto a la "Huerta de Uraga", donde muchos años después sería construido el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en la zona alta, al poniente de la ciudad.
Allí se colocaron, el 13 de enero de 1839, los cimientos de la capilla que doña Manuela de Herrera y Gorráez quiso dedicar a la Virgen de Guadalupe, pero cuya muerte dejó inconclusa y que continuó hasta finales de ese siglo el padre don Pablo de Anda y Padilla.
El templo del Señor de la Conquista.
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